sábado, 28 de noviembre de 2009

No sacrificar por nada el coloquio con Dios. Por un monje cartujo.

Los Apóstoles, los grandes “convertidores”, los santos no han sacrificado jamás, por apresuramiento, su coloquio con Dios. Confiaban todo a su Providencia, y jamás dudaban de Él. Las realizaciones, incluso temporales, de los verdaderos contemplativos son admirables, tanto como es la estéril idea de la agitación de los negocios que a Él no se ordenan. El puro amor de Dios es un filtro. Expulsará de tu alma no sólo todo lo que le es contrario, sino lo que no la alimenta. Se opondrá a todo ruido capaz de sofocar o alterar Su voz: “Dum medium silentium tenerent omnia, et nox in suo cursu medium iter haberet, omnipotens sermo tuus, Domine, de coelis a regalibus sedibus venit” : “Un silencio lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu Palabra todo poderosa, Señor, vino desde el trono real de los cielos” (Sab 18, 14-15). Dios viene cuando todo duerme sobre la tierra, todo lo que es de la tierra.
  • Escritos cartujanos

domingo, 22 de noviembre de 2009

¿Para qué fuimos creados? Por Santa Teresa de Los Andes.

¿Para qué fuimos creados? Para servir y amar a Dios sobre todas las cosas. Dios dotó al hombre de razón para que comprendiera el beneficio de la creación. ¿Cómo debemos servir a Dios? Como sirve un criado a su amo, haciendo lo que a éste le plazca. Dios me manifiesta su voluntad. Si yo la cumplo, lo glorifico, pero haciendo siempre lo más perfecto. Para servir a Dios debemos ser indiferentes para todo aquello que no le da gloria. Debemos tener a Dios por fin en nuestras obras, mirar el amor que nos tiene en cada uno de los acontecimientos que nos envía, y mirarlo todo como escalones que nos acercan a Él. Nuestro corazón no debe apegarse a las cosas del mundo sino a Dios. Tenerlo puro de todo amor desordenado, ya que todo es perecedero, y amar aquello que nos lleva a Dios.
  • Santa Teresa de Los Andes, Diario en: Obras Completas, Burgos, Editorial Monte Carmelo,1995, p. 106

jueves, 5 de noviembre de 2009

Qué es la longitud, la anchura, la altura y la profundidad. Por San Bernardo

QUID SIT LONGITUDO, LATITUDO, SUBLIMITAS ET PROFUNDUM
¿Qué es Dios entonces? Largura. ¿Y qué es largura? Eternidad. Es tan larga que no tiene límites ni de espacio ni de tiempo. También es anchura. ¿Qué es anchura? Amor. ¿Qué barreras puede encontrar el amor en un Dios que no aborrece nada de o que ha hecho? Hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos. Su regazo acoge incluso a los enemigos, y no contento con esto, su amor se abre hasta lo infinito. Por eso supera cuanto podemos sentir y conocer, como dice el Apóstol: Conocer lo que supera todo conocimiento, el amor de Cristo. ¿Qué más puedo decir? Su amor es eterno. Todavía más: su amor es eternidad. ¿Ves como su anchura es igual que su largura? Ojalá puedas comprender no va que son iguales, sino sobre todo que se identifican entre sí. Una es igual a la otra; una sola, lo que son las dos; y juntas, lo que es una sola. Dios es eternidad. Dios es amor. Largura sin alargamiento: anchura sin extensión. Porque en ambas está él por encima de todo límite y estrechez de espacio y tiempo, pero por la libertad de su ser y no por la extensión enorme de su sustancia. Así es de inmenso el que todo lo hizo según una medida; y aunque es inmenso, es la única medida de su misma inmensidad

¿Qué más es Dios? Altura y profundidad. Por lo primero está por encima de todo; por lo segundo, dentro de todo ser. Claro es que en la divinidad nunca se desequilibran sus atributos; Dios se mantiene siempre constante en sí mismo y permanece inmóvil en él. En su altura considera su poder; en su profundidad, su sabiduría. Ambas realidades se corresponden por igual: su anchura es inalcanzable y su profundidad impenetrable. Este pensamiento provocó la admiración de Pablo, hasta exclamar: ¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! También nosotros podemos exclamar con él, al contemplar la unidad simplicísima que en Dios y con-Dios constituyen estos dos atributos. ¡Oh poderosa sabiduría que alcanza con vigor de extremo a extremo; oh poder lleno de sabiduría que gobierna el universo con acierto! Una única realidad con múltiples efectos y operaciones las más diversas. Esa misma realidad es largura por su eternidad, anchura por su amor, altura por su poder y profundidad por su sabiduría.


  • San Bernardo, De Consideratione ad Eugenium Papam (Tratado de la Consideración al Papa Eugenio)
    Imagen: pintura de Francisco Ribalta "Cristo abrazando a San Bernardo"