domingo, 26 de julio de 2009

"El alma instruída directamente por Dios" Por un monje del Monte Athos.

Cuando un alma se abandona enteramente a la voluntad de Dios, el Señor comienza a guiarla. El alma es entonces directamente instruida por Dios, mientras que en otros tiempos lo estaba por maestros y por las Escrituras. Pero es raro que el Maestro del alma sea el mismo Señor, y que El la instruya por la gracia del Espíritu Santo. Poco numerosos son aquellos que lo experimentan: únicamente los que viven según la voluntad de Dios

Staretz Silvano Monje del Monte Athos sobre la vountad de Dios y la Libertad. EN:
http://members.fortunecity.es/mariabo/libertad_silvano.htm

Si quieres ser tomado por lo íntimo de Dios...." Johannes Tauler.

"Si quieres ser tomado por lo íntimo de Dios y ser transformado en él, debes vaciarte de tí mismo, de toda propiedad, de toda inclinación, de toda actividad, de toda presunción, de todo modo en que te poseas a tí mismo; menos no es posible. ...Si Dios debe obrar verdaderamente en tí, debes estar en pura pasividad; todas tus potencias deben estar enteramente desposeídas de su actividad y afirmación propia y mantenerse en una pura renuncia de sí mismas, privadas de su fuerza propia y mantenerse en una pura y desnuda nada. Cuanto más profundo sea este aniquilamiento, tanto más esencial y verdadera será la unión. Si (esta nada del propio yo) se dejase tan esencial y puramente como en el alma de nuestro Señor Jesucristo -si fuese eso posible, que no lo es- sería la unión con Dios tan grande como en Cristo (mismo). Cuanto es el despojamiento, tanto es la divinización"

jueves, 23 de julio de 2009

La contemplación. Androkinof Constantin.

Ahora bien, a menudo se escucha la siguiente pregunta: ¿por qué hacer todo eso? ¿Por qué esos ejercicios espantosos, esos ayunos inhumanos, esa praxis rigurosa? ¿No basta con "salvarse" creyendo en Dios, aplicando el Decálogo y contentándose con la esperanza, aún a riesgo de resignarse a la ignorancia? Es, guardando las proporciones, como si se preguntara al alpinista por qué desea escalar el Himalaya, o al investigador o al artista por qué no se satisfacen con su intuición y desean realizar su obra. Quien se da a la contemplación no se contenta con la existencia, por irreprochable que parezca legalmente: desea anticipar, inaugurar la verdadera vida, es decir, ser inmortal, pues ha gustado la verdad ontológica que le permite liberarse de aquello que causa la corrupción y la muerte. Y, como ha revelado el propio Hijo de Dios, la vida eterna consiste en conocer a Dios (Jn., XVII, 3)

  • Androkinof Constantin. Contemplación y Liturgia.

sábado, 18 de julio de 2009

Marta y María (Estatutos de la Orden Cartujana)


Mantenga Marta su ministerio, laudable ciertamente, aunque no exento de inquietud y turbación; pero permita a su hermana que, sentada junto a los pies del Señor, se dedique a contemplar que Él es Dios, a purificar su espíritu, a adentrarse en la oración del corazón, a escuchar lo que el Señor le diga en su interior; y así pueda gustar y ver un poquito, como en un espejo y confusamente, cuán bueno es el Señor, mientras ruega por su hermana y por todos los que se afanan como ella. María tiene a su favor no sólo al más imparcial de los jueces, sino también al más fiel de los abogados, al mismo Señor, que no se limita a defender su vocación, sino que hace su elogio, diciendo: "María ha escogido la mejor parte, que no le será quitada". De esta manera la excusó de mezclarse en los cuidados y desasosiegos de Marta, por piadosos que fuesen” (Estatutos de la Orden Cartujana 3,9)
  • En: http: //www.cartuja.org/estatutos/index.htm

miércoles, 15 de julio de 2009

"Espiritualidad del Desierto" Por Dom Esteban Cheveviére.

Persevera, trabaja por reducir todas tus facultades a la unidad, a la simplicidad del silencio. No pasará mucho tiempo sin que Dios te visite. Se presentó a Elías en el Horeb al filo de un silencio tal que se hubiese oído el susurro de la más leve brisa. Cuando el Señor quiere levantar un alma basta la contemplación le exige el silencio de todas las facultades y que sólo cuente con El. En cuanto a ti, no te ocupes ya de ti mismo. Cuando des oídos sordos a las quejas de la naturaleza, cuando niegues audiencia a toda inquietud, a todo deseo .que no sea el del amor, cuando seas indiferente sobre tu suerte terrestre, cuando ya casi no pienses de ti ni en bien ni en mal, y no te importe un ardite el juicio de los hombres; cuando, en una palabra, estés habitualmente olvidado de ti mismo, entonces habrás penetrado en el Sancta Sanctorum del silencio, el recinto inviolable del alma donde Dios reside y te convida. DE ti como de Moisés dirá: "él vive permanente en mí casa. Cara a cara hablo con él, y a las claras, no por figuras; y él contempla el semblante de Yavé" (Núm 12,7-8).
  • Dom Esteban Cheveviere. El Eremitorio. Espiritualidad del desierto. Escritos Cartujanos.

domingo, 12 de julio de 2009

"Invocar ininterrumpidamente a Jesús". Por el prebítero Hesiquío.

El invocar ininterrunpidamente a Jesús con un deseo lleno de dulzura y alegría, es la causa por la que el cielo del corazón está lleno de alegría y de calma, lo que sigue a la atención suma. Pero la causa de la suma purificación del corazón es Jesucristo, Hijo de Dios y Dios, causa y artífice de todos los bienes. Yo-nos dice- soy el que hace la paz (Is 45, 7.)
El alma beneficiada que ha recibido toda dulzura de Jesús, llena de exultación y de amor, devuelve a su benefactor lo recibido con alabanzas, agradeciendo e invocando con gran dulzura en el alma, a Aquel que le dio la paz, viendo espiritualmente dentro de sí mismo a Aquel que deshace las fantasías de los espíritus malignos.
  • Por El presbítero Hesíquio." A Teódulo. Discurso para las eminencias máximas. Útil para la salvación del alma, a propósito de la sobriedad y la virtud. Referido a las así denominadas confutación e invocación". En Filocalia. Buenos Aires. Edición Lumen. 2oo2. Vol II. P. 248-249.

jueves, 9 de julio de 2009

"Ama leer despacio...." Por un monje cartujo.

Ama leer despacio, como un niño junto a su madre, las manos puestas sobre las rodillas de Dios con algún libro que hable “ex toto corde” de Él; de Jesús, de la Virgen, de tu alma, acechando la frase, la palabra que te dilatará en oración; ¡el instante del encuentro!
La Sagrada Escritura sea tu libro de cabecera. Es en ella donde serás iluminado por el Verbo. Es el alimento predilecto. Léela con corazón humilde –como comulgas- y con el mismo fin: encontrar a Dios. Paladéala; saboréala, versículo a versículo; Él se encuentra en una atmósfera de oración. Cada palabra dictada por Dios está llena de Él. Adora-Lo, bajo la letra. Gustarás la embriaguez de esta comunión con la Luz, con el Verbo que Dios ha proferido en el tiempo, con palabras de resonancias eternas. Es ahí donde adquirirás la ciencia de los santos, siendo la otra tan poca cosa.

  • Extraído de "Las puertas del silencio" Escritos Cartujanos.

jueves, 2 de julio de 2009

La pobreza , virtud espiritual. Jean Hani.

Renunciar a sí mismo: esa es la condición que puso Cristo a quien quiere entrar en la vía: «El que quiera venir en pos de mí, renúnciese a sí mismo (aparnisasthô héafton) » (Mt., 16, 24) . El verbo empleado tiene un sentido muy claro: aparnisthai significa «negar», «rechazar»; la orden de Cristo, por tanto, equivale a decir que hay que «negarse a sí mismo» (15), «reducirse a nada». «Es absolutamente imprescindible –dice el anónimo de "La nube del no saber"– que el hombre pierda toda idea y toda sensación de su propio ser» (16). «Cuanto más puedes expulsarte y huir de ti mismo -escribe por otra parte Angelus Silesius-, tanto más debe derramarse Dios en ti con su divinidad» (17).
De lo que se trata es de «perderse» para «encontrarse», conforme a las palabras evangélicas: «El que quiera salvar su vida la perderá; y el que por mi causa pierda su vida la hallará» (Mt., 16, 25). Hay que desnudarse, en cierto modo, no sólo de todo lo creado, exterior a sí mismo, sino también, y sobre todo, hay que desnudarse del yo, pues esta desnudez atrae el descenso de Dios: «El alma tiene que permanecer en su desnudez, sin sentir ninguna necesidad; así es como, con ayuda de la igualdad, consigue el alma llegar a Dios. Porque nada une mejor que la igualdad, pues también Dios permanece en Su desnudez y sin ninguna necesidad... El alma sólo alcanza su perfecta beatitud arrojándose al desierto de la Deidad, allí donde ya no hay ni operaciones ni formas, para sumirse en ella y perderse en el desierto en el que se aniquila su yo y en el que ella no se preocupa de nada, como cuando todavía no existía (como criatura separada)» (18). La desnudez del alma coincide con la desnudez de Dios y Su simplicidad, que también es, por decirlo así, Su Pobreza, pues «Dios es la más pobre de las cosas, totalmente desnudo y libre: por eso digo con razón que la pobreza es divina» (19). La Simplicidad, en Dios, es la otra cara de la unidad; y, en el alma, es la unificación de todas las potencias del ser para regresar primero al estado primordial, que es el «estado de infancia» y la «pequeñez» (Lc., 18, 17, 10-21; Mt., 11, 25 y 10 21; Mt., 11, 25), la unidad del punto primordial adonde regresa el movimiento de la multiplicidad, el punto central y la «puerta estrecha», por donde se pasa luego al «reino de los cielos», lugar de la beatitud suprema: «El círculo de las cosas debe reducirse y anonadarse para que el de la Desnudez, ampliado y dilatado, abarque lo Infinito... Los pobres en espíritu deben permanecer sin ideas en la vasta Simplicidad que no tiene ni fin, ni comienzo, ni forma, ni modo, ni razón, ni sentido, ni opinión, ni pensamiento, ni intención, ni ciencia, que no tiene orbe ni límite. Esta simplicidad desierta y salvaje es el lugar donde habitan, en la Unidad, los pobres en espíritu; allí no encuentra nada, sólo el Silencio libre que responde siempre a la Eternidad» (20).
En este anonadamiento operado por la pobreza y la simplicidad, el ser descubre su propia esencia increada: «Hay algo en el alma que está por encima de la esencia creada... Es un parentesco de especie divina, una unidad en sí mismo, sin relación ni vínculo con cosa alguna... Si pudieses anonadarte a ti mismo, aunque fuese sólo un instante... te pertenecería entonces en propiedad todo eso que reside en ese misterio increado del interior de ti mismo... Mientras sigues preocupándote de ti mismo, o de lo que sea, ignoras el Ser de Dios» (21).



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