martes, 14 de abril de 2009

NOLI ME TANGERE

Mientras leía el evangelio correspondiente al día de hoy, mi mente volaba hacia la maravillosa pintura "Noli me tangere" del pintor italiano Antonio Allegri la Correggio, que coloco en el centro de esta entrada. Es una imagen que sólo verla mueve a emoción. María Magdalena extasiada frente a su maestro. Luego de haberlo buscado con intensidad, de preguntar por él, allí está, justo frente a ella. Imaginemos la emoción de María al encontrar a aquel que con sólo una mirada le había devuelto la dignidad frente a todo el pueblo de Israel.
Nuevamente sus miradas se encuentran; ella lo quiere retener, pero no se lo permite: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos, 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes". Qué difícil habrá sido para ella tener cerca a quien amaba con toda su alma y dejarlo ir, aunque volviera a verlo. Cuando se ama cada momento lejos del ser amado resulta una eternidad.
Los sentimientos de María Magdalena, sus interrogatorios de amor, encajan perfectamente dentro de los reclamos amorosos comunes a la literatura mística. San Juan de la Cruz en el Cántico Espiritual dirá "A dónde te escondiste,Amado de mi alma, como el ciervo huiste habiéndome herido salí tras clamando y eras ido" No sólo aparece la queja de amor, propia del tópico de la ausencia del amado, sino también la búsqueda: "Pastores, los que fuerdes allá por las majadas al otero, si por ventura vierdes aquel que yo más quiero, decilde que adolezco peno y muero". Este santo carmelita coloca a los pastores y a ellos les consulta la amada- alma acerca de su Esposo- Cristo. Aquí se acentúa la referencia al dolor a través de la presencia de dos verbos que contienen una fuerte carga significativa: "penar" y "morir", ambos no proviene de la voluntad, sino de lo anímico- físico, se padecen. Las interrogaciones nos recuerdan a la angustia con que María Magdalena, durante la madrugada de la resurrección, pregunta dónde han puesto al Señor. Tanto era su desconcierto que confunde a Jesús con el cuidador del sepulcro y lo interroga: "Señor si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo". Esta búsqueda también nos recuerda al Cantar de los Cantares, a la pregunta que la amada hace a los centinelas: "Me encontraron los centinelas, que hacen la rondas por la ciudad. ¿Han visto al amado de mi alma? (Cant. 3,3)
Este pasaje del evangelio, nos permite trazar un puente con una experiencia común a los místicos de todas las épocas, el amado que no se deja ver o que se muestra y se esconde. Y en este esconderse llaga el corazón y lo impulsa a comenzar un búsqueda que ya en sí misma es dichosa. Que el Señor nos encuentre buscándolo, preguntado por él. Que no se detengan nuestro pasos, vamos en pos de él. Y si está escondido, entonces mientras vamos de camino nos esconderemos nosotros también para gozar de su presencia en lo escondido de nuestras almas.

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