lunes, 30 de marzo de 2009

ABATE FILEMÓN: El corazón puesto en Dios.

En efecto, cuando nuestra alma goza de la contemplación del verdadero bien, no retrocede hacia ninguna de las pasiones que actúan por el placer; pero si ha abandonado toda dulzura de placer corporal, recibe la manifestación de Dios con mente pura y sin mancha. Entonces para que Dios pueda habitar en nuestros corazones, necesitamos de mucha atención y de muchas fatigas del cuerpo y de la purificación del alma; de esta manera cumpliremos sin error sus divinos mandamientos. Por lo tanto, es Él mismo quien nos enseña a observar con seguridad sus leyes, enviando sus energías como rayos de sol, mediante la gracia del Espíritu que contienen. En efecto, es necesario que, a través de las fatigas y de las pruebas, purifiquemos la imagen que muestra que somos racionales y capaces de toda inteligencia y que muestra la semejanza con Dios; es necesario que tengamos los sentidos libres de toda mancha, refundiéndolos de alguna manera en los hornos de la pruebas, y transformándonos en la dignidad real. En efecto, Dios también ha creado la naturaleza humana como partícipe de todo bien, capaz de contemplar intelectualmente los coros de los ángeles, las glorias de las dominaciones, las virtudes, los principados, las potestades, la luz inaccesible, la gloria esplendente.
Pero cuando tú triunfes con la virtud, no te ensañes en tu pensamiento contra tu hermano pensando que has triunfado mientras él fue negligente; porque éste es el inicio de la soberbia. Cuida con todas tus fuerzas no hacer nada según la voluntad de agradar a los hombres. Pero si luchas contra la pasión, no te desanimes si aún perdura la guerra: mas bien, ponte de pie y póstrate ante Dios, diciendo con todo el corazón, junto con el profeta: "ataca Jahveh, a los que me atacan, combate a quienes me combaten", porque no tengo fuerzas contra ellos. Y él al ver tu humillación, rápidamente te enviará su ayuda. Pero cuando caminas con alguien, no aceptes una conversación vana, más bien ocupa tu intelecto en aquella actividad espiritual que tenía antes para que se convierta en buena costumbre y olvide los placeres del mundo, y para que tú puedas alcanzar los puertos de la impasibilidad"

Abate Filemón. "Discurso utilísimo sobre el abate Filemón". En: Filocalia. Buenos Aires. Lumen. 2003. Vol 2. p 371

miércoles, 25 de marzo de 2009

LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR. Santa Teresa de Lisieux


Meditando tu Vida
tal como la describe el Evangelio,
yo me atrevo a mirarte y hasta acercarme a ti.
No me cuesta creer que soy tu hija,
cuando veo que mueres,
cuando veo que sufres como yo.
Cuando un ángel del cielo te ofrece ser la Madre
de un Dios que ha de reinar eternamente,
veo que tu prefieres, ¡Oh asombroso misterio!,
el tesoro inefable de la virginidad.
Comprendo que tu alma, inmaculada Virgen
le sea a Dios más grata
que su propia morada de los cielos.
Comprendo que tu alma , humilde y dulce valle,
contenga a mí Jesús, océano de amor.
Te amo cuando proclamas
que eres la siervecilla del Señor,
del Señor a quien tú con tu humildad cautivas.
Esta es la gran virtud que te hace omnipotente
y a tu corazón lleva la Santa Trinidad.
Entonces el Espíritu, Espíritu de amor,
te cubre con su sombra,
y el Hijo, igual al Padre,
se encarna en ti......
Muchos habrán de ser
sus hermanos pecadores
para que se le llame : Jesús, tu primogénito!
María, tu lo sabés,
no obstante ser pequeña, poseo y tengo en mí
al todopoderoso.
Mas no me asusta mi gran debilidad,
pues todos los tesoros de la madre
son también de la hija.......
Y yo soy hija tuya, Madre mía querida.
¡Acaso no son mías tus virtudes
y tu amor también mío?
Así, cuando la pura y blanca Hostia
baja a mi corazón
tu Cordero, Jesús, sueña estar reposando
en ti misma, María.
Santa Teresa del Niño Jesús. Poesía 44.

viernes, 20 de marzo de 2009

SANTO TOMÁS DE AQUINO: Adoro te devote, latens Deitas.

Devotamente te adoro, Santa Majestad,
que debajo de estas figuras escondida estás.
A Ti el alma mía rendida se entrega;
se le esfuma el mundo a quien te contempla.

Vista, tacto, gusto nos fallan aquí,
mas no así el oído que creyó al oír.
Creo cuanto dijo Cristo mi Señor,
que al hablar el Verbo, la Verdad habló.

La cruz ocultaba su divinidad.
Mas aquí se esconde aun su humanidad.
Porque en ambas creo, en ambas confío.
Cual pidió el ladrón, penitente pido.

No veo las llagas que miró Tomás.
Señor te confieso sin ver ni tocar.
Señor en quien creo, aumenta mi Fe,
sostén mi Esperanza, de amor hazme arder.

Por el sacrificio que aquí se renueva,
Pan vivo que vida a los hombres prestas,
concede a mi alma que viva de Ti,
que beba la copa que no tiene fin.

Pelícano Santo que entregas tu sangre,
haz que mi inmundicia en ella se lave.
Que una gota basta para hacerme salvo
y limpiar al mundo de todo pecado.

Jesús que hoy te acercas oculto entre velos,
muéstrame algún día Tu faz en los cielos.
Que el Amor que aquí anhela mi sed,
al fin se revele, en su gloria. Amén.


A continuación la versión en latín:
Adoro te devote, latens Deitas,
Quae sub his figuris vere latitas:
Tibi se cor meum totum subjicit,
Quia, te contemplans, totum deficit.

Visus, tactus, gustus in te fallitur
Sed auditu solo tuto creditur
Credo quidquid dixit Dei Filus,
Nil hoc verbo Veritatis verius.

In cruce latebat sola Deitas,
At hic latet simul et humanitas;
Ambo tamen credens atque confitens,
Peto quod petivit latro poenitens.

Plagas, sicut Thomas, non intueor,
Deum tamen meun te confiteor:
Fac me tibi semper magis credere,
In te spem habere, te deligere.

O memoriale mortis Domini
Panis vivus, vitam praestans homini,
Praesta mea mente de te vivere
Et te illi semper dulce sapere!

Pie pellicane, Jesu Domine,
Me immundum munda tuo sanguine
Cujus una stilla salvum facere
Totum mundum quit ab omni scelere.

Jesu, quem velatum nunc aspicio,
Oro, fiat illud quod tam sitio;
Ut, te revelata cernens facie,
Visu sum beatus tuae gloriae.


Del libro de Paulina Crusat. "Voces que te han cantado": selección de poesía religiosa. Barcelona. Editorial Juventud. 1970. pp 264-267

miércoles, 18 de marzo de 2009

19 DE MARZO FIESTA DE SAN JOSÉ

Toda la vida de José fue un acto continuado de fe y de obediencia en las circunstancias más oscuras y humanamente difíciles. Poco después del nacimiento de Jesús se le dice: "Levántate, toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto" (Mt 2, 13); más tarde el ángel del Señor le ordena: "Ve a la tierra de Israél" (Ib 20). Inmediatamente -de noche- José obedece. No demora, no pide explicaciones ni opone dificultades. Es a la letra "el administrador fiel y solicito a quien el Señor a puesto al frente de su familia" (Lc. 12, 42), totalmente disponible a la voluntad de Dios, atento al menor gesto suyo y presto a su servicio. Una entrega semejante es prueba de un amor perfecto; José ama a Dios con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas. Su posición de jefe de la Sagrada Familia le hace entrar en una intimidad singular con Dios cuyas veces hace, cuyas órdenes ejecuta y cuya voluntad interpreta; con María, cuyo esposo es; con el Hijo de Dios hecho hombre, a quien ve crecer bajo sus ojos y sustenta con su trabajo. Desde el momento en el que ángel le revela el secreto de la maternidad de María, José vive en la órbita del misterio de la Encarnación; es su espectador, custodio, adorador y servidor. su existencia se consume en estas relaciones, en un clima de comunión con Jesús y María y de oración silenciosa y adoradora. Nada tiene y nada busca para sí: Jesús le llama padre, pero José sabe bien que no es su hijo, y Jesús mismo lo confirmará: "¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?" (Lc2,49). María es su esposa, pero José sabe que ella pertenece exclusivamente a Dios y la guarda para él, facilitándole la misión de madre del Hijo de Dios. Y luego, cuando su obra ya no es necesaria, desaparece silenciosamente. Sin embargo, José ocupa todavía en la Iglesia un lugar importante, pues continúa para con la entera familia de los creyentes su obra de custodio silencioso y providente, comenzada con la pequeña familia de Nazaret. Así la Iglesia lo venera e invoca como su protector y así lo contemplan los creyentes mientras se esfuerzan en imitar sus virtudes. En los momentos oscuros de la vida, el ejemplo de San José es para todos un estímulo a la fe inquebrantable, a la aceptación sin reservas de la voluntad de Dios y al servicio generoso.
Por Gabriel de Santa María Magdalena ocd. En:" Intimidad Divina". Edición Monte Carmelo.

lunes, 16 de marzo de 2009

San Juan de la Cruz. Para poseer el TODO

Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.
Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.
Para venir a lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.
MODO PARA NO IMPEDIR AL TODO
Cuando reparas en algo,
dejas de arrojarte al todo.
Porque para venir del todo al todo,
has de negarte del todo en todo.
Y cuando lo vengas del todo a tener
has de tenerlo sin nada querer.
Porque, si quieres tener algo en todo,
no tienes puro en Dios tu tesoro

En esta desnudez halla el espiritual su quietud y descanso, porque no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad. Porque cuando algo codicia en eso mismo se fatiga.


San Juan de la Cruz. Subida 1,13,11-13

miércoles, 11 de marzo de 2009

SAN SERAFIN DE SAROV: DIÁLOGO CON MOTOVILOV


LA PLEGARIA
Oh, cómo amaría, amigo de Dios, que en esta vida estéis siempre en el Espíritu Santo. "Yo os juzgaré en el estado en el que os encontrare, dijo el Señor" (Mt. 24,42; Mc.13,33-37; Lc. 19, 12 y siguientes).Desgracia, gran desgracia si El nos encuentra angustiados por las preocupaciones y penas terrenales, ya que, ¿quién puede soportar Su cólera, y quién puede resistirlas? Es por eso que El dijo: "Vigilad y orad para no ser inducido a la tentación" (Mt. 25, 13-15). Dicho de otra manera, vigilad para no ser privado del Espíritu de Dios, ya que las vigilias y la plegaria nos dan Su gracia. Es cierto que toda buena acción hecha en nombre de Cristo confiere la gracia del Espíritu Santo, pero la oración es la única práctica que está siempre a nuestra disposición. ¿Tenéis, por ejemplo, deseo de ir a la iglesia, pero la iglesia está lejos o el oficio terminó? ¿Tenéis deseos de hacer limosna, pero no veis a un pobre, o carecéis de dinero? ¿Deseáis permanecer virgen, pero no tenéis bastante fuerza para esto por causa de vuestras inclinaciones o debido a las asechanzas del enemigo que por la debilidad de vuestra humanidad no os permite resistir? ¿Pretendéis, tal vez, encontrar una buena acción para practicarla en Nombre de Cristo, pero no tenéis bastante fuerza para esto, o la ocasión no se presenta? En cuanto a la oración, nada de todo esto la afecta: cada uno tiene siempre la posibilidad de orar, el rico como el pobre, el notable como el hombre común, el fuerte como el débil, el sano como el enfermo, el virtuoso como el pecador.
Se puede juzgar el poder de la plegaria que brota de un corazón sincero, incluso siendo pecador, por el siguiente ejemplo narrado por la Tradición Santa: A pedido de una desolada madre que acababa de perder a su hijo único, una cortesana que la encuentra en su camino, afligida por la desesperación maternal, osa gritar al Señor, mancillada como estaba aún por sus propios pecados: "No es por mí, pues soy una horrible pecadora, sino por causa de las lágrimas de esta madre llorando a su hijo, y creyendo firmemente en Tu misericordia y en Tu Todo-poder, que te pido: resucítalo, Señor!" Y el Señor lo resucitó.
Tal es, amigo de Dios, el poder de la oración. Más que ninguna otra cosa, ella nos da la gracia del Espíritu de Dios y, sobre todo, está siempre a nuestra disposición. Bienaventurados seremos cuando Dios nos encuentre vigilantes, en la plenitud de los dones de Su Espíritu Santo. Entonces podremos esperar gozosos el encuentro con Nuestro Señor, que riega revestido de poder y de gloria para juzgar a los vivos y a los muertos y para dar a cada uno su merecido

domingo, 8 de marzo de 2009

Beata Isabel de la Trinidad. El Fuego Divino del Amor.

Fuego vine a traer sobre la tierra, y ¿qué quiero sino que arda? (Lc.12,49)

Es el Divino Maestro quien nos manifiesta personalmente su deseo de que arda el fuego del amor. En efecto todas nuestras obras, todas nuestras acciones no son nada en su presencia. Somos incapaces de darle algo. No podemos ni satisfacer su único deseo de ennoblecer la dignidad de nuestra alma. Nada le agrada tanto como verla crecer espiritualmente. Pues bien; nada puede engrandecer tanto nuestra alma como llegar a identificarse, en cierto sentido, con Dios. Por esta causa, El le exige el tributo de su Amor, pues el amor tiene esta propiedad: iguala, en cuanto es posible, al amante con la persona amada.
El alma, en posesión de este amor, parece idéntica a Jesucristo porque su amor recíproco hace que todo sea común entre ellos. Os he llamado amigos porque os he dado a conocer todo lo que he escuchado a mi Padre. (Jn.15,15) Para conseguir este amor se necesita una entrega total del alma. Su voluntad debe estar dulcemente perdida en la voluntad divina para que sus tendencias y sus facultades sólo se muevan dentro de este amor y obren únicamente por él.
Todo lo hago con amor. Todo lo sufro con amor. En este sentido cantaba el Profeta David: Guardaré para mi fortaleza (Sal.58,10)
Es entonces cuando el amor llena al alma tan plenamente, la absorbe y la protege de tal modo, que ella descubre en todas las cosas el secreto de crecer en el amor. Hasta en sus relaciones sociales y en medio de las preocupaciones de la vida, ella puede exclamar con todo derecho: "Ya sólo en amar es mi ejercicio"

Beata Isabel de la Trinidad. en: El año del Señor Según los Santos del Carmelo. Burgos. Monte Carmelo.1997 pp 806-807

viernes, 6 de marzo de 2009

JOHN DONNE: DIVINE MEDITATIONS X

Para los amantes de la buena poesìa, les ofrezco una versiòn bilingüe de un poema de John Donne, poeta metafísico inglés. El tema: la muerte


Holy Sonnets. Divine Meditations XDeath be not proud, though some have called thee
Mighty and dreadful, for, thou art not so,
For, those, whom thou think'st, thou dost overthrow,
Die nót, poor death, nor yet canst thou kill me;
From rest and sleep, which but thy pictures be,
Much pleasure, then from thee, much more must flow,
And soonest our test men with thee do go,
Rest of their bones, and soul's delivery.
Thou art slave to fate, chance, kings, and desperate men,
And dost with poison, miar, ana sickness dwell,
And poppy, or charms can make us sleep as well,
And better than thy stroke; why swell'st thou then?
One short sleep. past, we wake eternally,
And death shall be no more, Death thou shalt die.

Muerte, no te enorgullezcas, aunque algunos te han llamado
Poderosa y temible, porque tú no lo eres,
pues aquellos que tú crees haber derribado
no mueren, pobre muerte, ni todavía puedes tú matarme;
del descanso y el sueño, que son tan solo tu figura,
mucho gozo, luego de ti mucho más debe fluir,
y más pronto nuestros mejores hombres contigo van,
descanso de sus huesos y liberación del alma.
Tú eres esclava del destino, la suerte, los reyes y los hombre desesperados,
y moras con el veneno, la guerra y la enfermedad,
y la amapola o los encantos pueden hacernos dormir también,
y mejor que tu golpe ;¿por qué te envaneces, entonces?
Después de un corto sueño, despertamos eternamente,
y la muerte ya no existirá más : Muerte tú has de morir.

jueves, 5 de marzo de 2009

Diálogos de la Conquista del Reino de Dios: Fray Juan de los Angeles.

Diálogo X: De la uniformidad de las introversiones o entradas del alma a su íntimo centro, que propiamente es el Reino de Dios y del recogimiento.
(Parte V)

Maestro: Hay grados en el recogimiento. En el primero se mortifica el pensamiento simplemente, y es cuando el alma queda como dormida y en silencio, y que nada la desasosiega ni perturba; y si acaso estando así viene algún pensamiento para entrársele en el corazón, maravillosamente le es impedida la entrada mucho antes de que ella conozca lo que es; como si viendo a una persona venir a nosotros desde lejos, antes de conocerla le diésemos de mano para que no se nos acercase. Pasa esto con tanta certeza en el alma, que ella misma se maravilla de ello; y si quiere averiguar lo que fue,no puede, salvo que conoce evidentemente que alguna cosa venía a desasosegarla y que fue detenida. Este recogimiento es más que de principiantes, y no le tiene el alma sin la gracia del Señor; porque aunque no hay aquí grandes gustos y sentimientos extraordinarios, hay, a lo menos, una cierta complacencia como de cosa dada por Dios. En el segundo grado de recogimiento se admite la inteligencia con el hombre cuidadosamente vela sobre sí, atendiendo a lo que hace y poniendo alguna fuerza en ello; de manera que parece que se está remirando en estar recogido. Y aquí es donde los aprovechados suelen sentir y recibir muchas cosas del Señor. También hallarás algunos que se recogen de manera que se olvidan de sí mismos, sin saber dónde están; y cuando después vuelven sobre sí, preguntan a su cuidado de dónde viene y qué es lo que ha hecho; más no pueden caer en ello. Este recogimiento es muy bueno, y suele convertirse en hábito, por lo cual les es muy fácil a los que en él se hallan el recogerse y morar consigo. Pero guárdense de implicarse o entrometerse en negocio alguno de la tierra, que se ponen a mucho peligro de perder esta gracia
hay otra manera de recogimiento, en que el ánima está dentro de su cuerpo como en una caja muy cerrada, y allí se goza consigo misma, con algún calor espiritual que siente, desasida de los cinco sentidos, como si no los tuviese; y no entiende cosa que decirse pueda, sino, como niño pequeño, se goza dentro del pecho y querría no distraerse de allí, ni tener ojos, ni oídos, ni puerta por do saliese.
Discípulo: En estos recogimientos, ¿está del todo privado el hombre del entendimiento?
Maestro: Hijo, no; porque siempre queda una centella pequeña que basta para que conozca el alma que tiene algo, y que es de Dios, está callado y sosegado en el entendimiento, acechando (como acá decimos) lo que pasa, como quien no hace nada; y aun parece que alma no querría que hubiese ni aun aquello, sino morirse en el Señor toda y perderse allí por El. Algunas veces acontece que totalmente cesa el entendimiento como si el alma no fuese intelectual; mas luego se torna a descubrir la centella viva de la simple inteligencia o conocimiento sencillo; y en aquel dejar de entender es donde el alma recibe mayor gracia, y cuando revive y se halla con ella, se admira y no sabe por dónde ni cómo la hubo; y codiciosa de más, querría volver a mortificarse, ninguna cosa entendiendo; y como quien se zambulle en el agua y sale de nuevo con lo que deseaba en las manos, así ella se encierra dentro de sí y se zambulle en Dios, donde suele salir llena de espirituales riquezas. Aquí se olvidan las horas como si fueran momentos, sin sentir pesadumbre ni cansancio alguno. Mas mira por ti, hermano deseoso, si a este estado Dios te llegare, que muchas veces, sin saber, cómo, se te resbalará y huirá del corazón lo que está bullendo en él, y será necesario que de nuevo comiences a recogerte íntimamente. Gran cosa es gozar en secreto, y como a oscuras, de Dios, que, como sabemos, es amador de soledad y hace su morada en tinieblas.
Fray Juan de los Ángeles Conquista del Reino de Dios. Buenos Aires. Ediciones Dictio.1980 pp298-299.
















miércoles, 4 de marzo de 2009

LA PAZ INTERIOR. Enseñanzas de San Francisco de Sales

San Francisco de Sales escribía en 1605 a la abadesa de Puits d' Orbe: "Hay que vivir en todo y en todas partes pacíficamente; y si nos sucede alguna pena, interior o exterior, hay que recibirla con paz; y si es un gozo, hay que recibirlo también con paz, sin estremecerse por ello. Hay que huir el mal, pero pacíficamente, sin turbarnos, pues de otra manera, pues de otra manera podríamos caer al huir, y darle al enemigo la posiblidad de matarnos. Hay que hacer el bien; pero hay que hacerlo tranquilamente, pues de lo contrario, cometeríamos muchas faltas por apresuramiento. Aun la penitencia hay que hacerla pacíficamente: "He aquí- decía el Penitente(Is,38.17)- cómo se ha cambiado la paz en mi amarguísima aflicción(...)
Hagamos tres cosas, querida hija, y tendremos paz. Tengamos una intención pura de querer en todas las cosas el honor de Dios y su gloria, haciendo lo que podamos con este fin, según el parecer de nuestro padre espiritual, y dejemos a Dios el cuidado de todo lo demás. Quien tiene a Dios por objeto de sus intenciones, y hace lo que puede, no tiene porque atormentarse, ni turbarse, ni temer. No, no ; Dios no es tan terrible para con los que ama; se contenta con poco, porque sabe que no tenemos mucho. Sabe, querida hija, que Nustro Señor es llamado en la Escritura Príncipe de la Paz, y que por eso, donde es dueño absoluto, lo mantiene todo en paz. Es verdad que antes de poner paz en un lugar es necesaria la guerra, para separar el corazón y el alma de sus más caros afectos, como el amor desmedido de sí mismo, la confianza en sí mismo, la compacencia en sí mismo y otros afectos semejantes" (XII,30)

Del libro: Canónigo.F. Vidal. Francisco de Sales, El Santo de la Bondad y la Alegría. Bs As. Ediciones Don Bosco.1992. pp 159-160

A los que se interesen por conocer más acerca de la vida y la obra de este santo les recomendamos visitar el siguiente link:

martes, 3 de marzo de 2009

ELEVACIÓN: BAUDELAIRE


Por encima de valles, por encima de lagos,
De bosques y montañas, de nubes y de mares,
Más allá de los soles, más allá de los éteres,
Más allá de los lindes de estrellas a millares,
Como un buen nadador que se goza en el agua,
Alma mía, te mueves con toda agilidad,
Y alegremente surcas la inmensidad profunda,
Con una indecible y viril voluptuosidad.
¡Escápate bien lejos de esos mórbidos miasmas!
Sube a purificarte al aire superior,
Y el fuego claro que hinche los límpidos espacios
Bebe tal como un puro y divino licor.
Detrás de los enojos y los hondos pesares
Que cargan con su peso la existencia brumosa,
¡Feliz quien a regiones lúcidas y serenas
Lanzarse puede con un ala vigorosa!
Aquel cuyas ideas, cual si fueran alondras,
Al cielo de mañana, arrójanse desnudas....
-Que sobre el mundo vuela y entiende sin esfuerzo
¡La lengua de las flores y de las cosas mudas!

lunes, 2 de marzo de 2009

SAN JUAN DE LA CRUZ : Cargar con la cruz

¡Oh quien pudiera aquí ahora dar a entender y a ejercitar y gustar qué cosa sea este consejo que nos da aquí nuestro Salvador de negarnos a nosotros mismos, para que vieran los espirituales cuán diferente es el modo que este camino deben llevar del que muchos de ellos piensan! Que entienden que basta cualquiera manera de retiramiento y reformación en las cosas; y otros se contentan con en alguna manera ejercitarse en las virtudes y continuar la oración y seguir la mortificación, mas no llegan a la desnudez y pobreza, o enajenación o pureza espiritual, que todo es una, que aquí nos aconseja el Señor; porque todavía antes andan a cebar y vestir su naturaleza de consolaciones y sentimientos espirituales que adesnudarla y negarla en eso y en esotro por Dios, que piensan que basta negarla en lo del mundo, y no aniquinarla y purificarla en la propiedad espiritual. De donde les nace que ofreciéndoseles algo de esto sólido y perfecto, que es la aniquilación de toda suavidad en Dios, en sequedad, en sinsabor, en trabajo (lo cual es la cruz pura espiritual y desnudez de espíritu pobre de Cristo) huyen de ello como de la muerte, y sólo andan en buscar dulzuras y comunicaciones sabrosas en Dios. Y esto no es la negación de sí mismo y desnudez de espíritu, sino golosina de espíritu. En lo cual, espiritualmente se hacen enemigos de la cruz de Cristo, porque el verdadero espíritu antes busca lo desabrido en Dios que lo sabroso, y más se inclina al padecer que al consuelo, y más a carecer de todo bien por Dios que a poseerle, y a las sequedades y aflicciones que a las dulces comunicaciones, sabiendo que esto es seguir a Cristo y negarse a sí mismo, y esotro, por ventura, buscarse a sí mismo en Dios, lo cual es harto contrario al amor. Porque buscarse a sí en Dios es buscar los regalos y recreaciones de Dios; mas buscar a Dios en sí es no sólo querer carecer de eso y de esotro por Dios, sino a inclinarse a escoger por Cristo lo más desabriso, ahora de Dios, ahora del mundo; esto es amor de Dios.
¡Oh quién pudiese dar a entender hasta donde quiere nuestro Señor que llegue esta negación! Ella, cierto, ha de ser como una muerte y aniquilación temporal y natural y espiritual en todo, en la estimación de la voluntad, en la cual se halla toda negación. Y esto es lo que aquí quiso decir nuestro Salvador (Jn.12,25) cuando dice: El que quiera salvar su alma, ese la perderá, es a saber: el que quisiere poseer algo o buscarlo para sí, ése la perderá, y el que perdieré su alma por mí, ése la ganará, es a saber: el que renunciare por Cristo todo lo que puede apetecer y gustar escogiendo lo que más se parece a la cruz, lo cual el mismo Señor por San Juan lo llama aborrecer su alma, ése la ganara.
(Subida 2,7,5-6)